martes, 15 de diciembre de 2009

Noir scene 1

Cada gota que rodaba por el parabrisas era como alguna de las lágrimas que resbalaban por las mejillas de Aurora, quien aún no decidía si encender el vehículo o salir corriendo de éste. La lluvia entonaba aquel ruido estático en el toldo del automóvil, parado a la orilla de la carretera, mientras la voz en el radio apenas se hacía escuchar entre los sollozos de la mujer y los relámpagos de una noche fría. Aurora limpió ruidosamente su nariz con un pañuelo y sin darse cuenta embarró en su cara el rímel de sus ojos con el dorso de la mano. El destello intermitente de la sirena de una patrulla hizo que sus nervios se tensaran rápidamente, buscó rápida y torpemente el viejo revólver de Romeo, sus manos tantearon desesperadamente debajo de su asiento hasta que sus dedos sintieron el metal helado del cañón del arma. La patrulla pasó sin sospechar siquiera lo que la temerosa mujer ocultaba, al ver que no corría peligro, levantó la pistola para verla más de cerca. Las manchas rojas parecían alguna especie de óxido cobrizo, en ocasiones casi negro, que opacaban el cromo del revólver. Aurora no había notado hasta ese momento que el arma de su antiguo jefe estaba manchada con su propia sangre. Inesperadamente la mujer sintió melancolía al recordar el día en que Romeo le apuntó entre los ojos y le dijo que jamás la dejaría ir. Recordó la primera lección que su mentor tuvo que enseñarle cuando apenas era una niña, una vez dentro del negocio nadie la querría fuera, y era por esa misma razón que ahora no podía dejar de huir. El cuerpo del occiso yacía derrumbado en el asiento trasero, con un agujero en la frente y una maleta aun afianzada a sus rígidos dedos. En un instante Aurora pareció recordar la gravedad de la situación y se apresuró a encontrar la manera de arrancar el tesoro aferrado, causa del destino de aquel cadáver. Logró con la fuerza de sus dos manos zafar uno por uno los dedos de Romeo hasta que la maleta cayó pesadamente en el suelo manchado de sangre. Todavía temblorosa, aunque sintiéndose más tranquila, la mujer levantó el paquete y lo puso en el asiento de al lado, agradeció que la sombra de las gotas de agua adheridas a los vidrios, y la luz tenue del exterior no alumbraran lo suficiente el mórbido interior del coche. Su mirada ya no lo distinguía, pero sabía que hacía donde estuviera viendo tenía que haber rastros de lo que había hecho. Sin embargo, toda esa locura había valido la pena, en esa maleta se encontraba su oportunidad de escapar y empezar una nueva vida, y lo más importante, la oportunidad de darle a él un nuevo comienzo. Aurora guardó el arma en la maleta, toco su vientre con la palma de la mano como tratando de consolar a su bebé tras haber experimentado aquel momento tan perturbador. Recordó de nuevo el momento cuando su dedo índice apretó de manera nerviosa el gatillo, y deseó que su “sorpresa”, como solía llamarlo no hubiera escuchado el estrepitoso disparo. Entonces reaccionó de nuevo, y con la misma seguridad que segundos antes le había disparado a aquel hombre, ahora daba vuelta a la llave del auto para encender el motor. Sus vidas estaban por comenzar…

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