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jueves, 3 de noviembre de 2011
Egolítica
Izquierda para 2012. 1
martes, 2 de agosto de 2011
viernes, 5 de febrero de 2010
Entropía.
lunes, 1 de febrero de 2010
Nocturno
la inhalo,
junto con la luz de estrellas milenarias
que desaparecieron antes de que pudiéramos verlas.
La noche se hace fría,
me acaricia con sus manos de mujer,
que arden a veces
y que desaparecen al alba.
Y una vez más abuso de su esencia narcótica,
somnolienta y extaciante,
que me deja exhausto
para poder irse, lejos.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Je t'emmène au vent. (avec la traduction)
je t'emmène au-dessus des gens,
et je voudrais que tu te rappelles,
notre amour est éternel
et pas artificiel.
Je voudrais que tu te ramènes devant,
que tu sois là de temps en temps,
et je voudrais que tu te rappelles
notre amour est éternel
et pas artificiel.
Je voudrais que tu m'appelles plus souvent,
que tu prennes parfois les devants,
et je voudrais que tu te rappelles
notre amour est éternel
et pas artificiel.
Je voudrais que tu sois celle que j'entends,
allez viens, je t'emmène au-dessus des gens,
et je voudrais que tu te rappelles
notre amourette éternelle
artificielle...
- Louise Attaque
Traducción al servicio de la comunidad:
Vamos pues, te llevaré al viento,
te llevaré por encima de la gente,
y desearía que recordaras,
que nuestro amor es eterno,
y no artificial.
Desearía que regresaras a la delantera,
que estés allí de vez en cuando,
y desearía que recordaras,
que nuestro amor es eterno
y no artificial.
Desearía que me hables más seguido,
que a veces tomes la iniciativa,
y desearía que recordaras
que nuestro amor es eterno
y no artificial.
Desearía que seas tú a quien escucho,
vamos pues, te tomo por encima de la gente,
y desearía que recordaras
nuestro eterno amorio
artificial...
lunes, 21 de diciembre de 2009
Mr. Hicks
Today a young man on acid realized that all matter is merely energy condensed to a slow vibration - that we are all one consciousness experiecing itself subjectively. There's no such thing as death, life is only a dream, and we're the imagination of ourselves. Here's Tom with the weather...William Melvin Hicks fue un libre pensador, de visión vanguardista, crítico y contestatario. Desde chico, Bill Hicks admiraba la comedia de Johnny Carson y Woody Allen, y disfrutaba de realizar sus propias rutinas con amigos de la escuela. Vivió en más de tres estados durante su infancia hasta acentarse en Houston, Texas. Su primera presentación formal fue en la Comedy Workshop en Houston antes de graduarse del colegio.
Habiendo terminado la escuela, Hicks se mudó a Los Ángeles para entrar en la escena del espectáculo. Incapaz de mantener una buena relación con la ciudad, Hicks comenzó a hacer giras por diferentes Estados. El año de 1984 apareció en el show de David Letterman, fue ésta la primera de ocho presentaciones que daría en el mismo programa a lo largo de su vida. La carrera de Bill iba en ascenso y años después decidió trasladarse a Nueva York, ciudad que le agradaba más que Los Ángeles.
En este entonces, Hicks dejó las drogas pero jamás dejó de recordar los grandes momentos que pasó con ellas.
A principios de los años noventa, Hicks comenzó a hacer giras más intensas, viajando por mayor tiempo y mayores distancias. Las transmisiones de HBO y sus presentaciones en el Just For Laughs Festival de Montreal le dieron aun más fama y reconocimiento, llevándolo incluso al público británico que tanto lo aclamó.
A pesar de los premios recibidos, la controversia que generaba, y la posibilidad de expandir su audiencia, Hicks jamás perdió aquella agudeza, crítica y realista, por el contrario, a lo largo de sus últimos años, el humor y el talento de Bill mejoraron constantemente, hasta encontrar un estado de paz y tranquilidad tiempo antes de morir.
Este comediante revolucionario se definía a sí mismo como "Chomsky with dick jokes". Su capacidad analítica queda evidenciada en una comedia que no trata sobre temas triviales y fácilmente digeribles, sino que retoma cuestiones existenciales, dándoles un giro humorístico inteligente y astuto. Su visión materialista de la realidad le hacía ver a los medios como instrumentos de dominación "manteniendo a la gente estúpida y apática".
Su influencia en el arte contemporáneo ha sido trascendente. Agrupaciones británicas como Radiohead, el duo electrónico Fila brazillia, la banda de pop SPA, entre muchas otras, le han dedicado álbumes completos a este hombre. Artistas como Tom Waits, Amanda Palmer, Jens Lekman, Rage Against the Machine, son algunos de los tantos que han demostrado su admiración o rendido tributo a Bill Hicks. Incluso el miembro del parlamenteo británico Stephen Pound entabló una mesa de debate en la Cámara de los Comunes, titulada "Anniversary of the death of Bill Hicks", donde escribió que las palabras de Hicks eran como una bala al corazón del consumismo, el capitalismo y el sueño americano.
Su relación con Maynard Keenan y su grupo Tool también fue muy estrecha, ambos se conocieron como comediantes en Los Ángeles y mantuvieron su relación por años, abriendo Bill Hicks numerosos conciertos de la banda. El album Aenema, del mismo grupo, fue dedicado al comediante quien sale retratado en el arte del álbum con el título "Another dead hero".
Hicks solía terminar sus espectáculos simulando su muerte, generalmente hacía sonidos con su boca para imitar el sonido de balas que lo acribillaban antes de caer al suelo. En Junio de 1993 Hicks supo que tenía cáncer en el páncreas, y que éste había llegado hasta su hígado. Mantuvo su condición en secreto y continuó trabajando en Los Ángeles hasta que su hermano Steve lo llevó a Little Rock, Arizona, a casa de sus padres.
En octubre del mismo año, Bill escribió una rutina para el show de David Letterman, ésta fue censurada por el mismo anfitrión del programa quien decidió no transmitirla por su irreverente veracidad sobre temas religiosos. En 2009, Letterman invitó a la madre de Hicks al show y exhibió por primer vez en el programa el segmento censurado. El anfitrión reconoció lo innecesario de lo hecho años atrás y se disculpó por aquello.
Hicks pasó sus últimos días en casa de sus padres, componiendo música, despidiéndose de sus amigos, releyendo La Comunidad del Anillo de Tolkien, y mostrándoles documentales de su interés a sus padres.
El sábado 26 de febrero de 1994, Bill murió a los 32 años de vida. Su último deseo fue la publicación de sus últimas palabras, una carta breve y concisa que termina diciendo:
I left in love, in laughter, and in truth and wherever truth, love and laugher abide, I am there in spirit
miércoles, 16 de diciembre de 2009
La inevitabilidad del cambio.
martes, 15 de diciembre de 2009
Sci Fi (primera parte)
El dolor de la desinstalación del mindware previo estaba pasando, así como la insoportable depresión que le precedió al dejar de recibir los neurotransmisores de la versión anterior. La alteración del mindware oficial no era sólo un malestar que ningún ciudadano estaba dispuesto a sufrir, sino que además era un delito que se castigaba con la supresión del sistema. El pirata sintió la sensación orgásmica de una ligera dosis de opiáceos que anunciaban el momento para inyectar aquella substancia brillante en su torrente sanguíneo. Gracias a que la anestesia había sido liberada, el hombre no tendría porque sentir la insoportable corrosión del líquido al atravesar la piel de su brazo y mezclarse con su sangre. Sin embargo, ni la droga pareció suficiente y por una hora el ardor que sentía adentro de todo su cuerpo fue tan fuerte que cayó inconsciente sobre su cama.
Práxedis despertó algo aturdido y lo primero que notó fue que había vuelto a ingresar a la psicored pero con una identidad fantasma, sintió pavor de ser descubierto y enmascaró todas sus terminales con los códigos de una identidad falsa. Irónicamente, las primeras noticias que recibió en su cerebro hablaban acerca de la detección de más de 500 afectados por el virus Arnum que habían crackeado la penúltima versión de Aleph, la red oficial, y habían sido desconectados de manera permanente. Práxedis dudaba de las cifras oficiales, pero estaba seguro de que ser descubierto implicaría mucho más que la desconexión al sistema, la disidencia era su única opción. Desde pequeño, su rebeldía había sido tal que se negó incluso en la adolesencia a modificar cualquiera de sus órganos, evitó lo más posible cualquier instalación o modificación neurosíquica, y la única instalación que había recibido era la misma que todos los ciudadanos recibían al terminar la pubertad.
La vida después de ingresar a Aleph parecía maravillosa, pero eso se debía a que las infancias solían ser terribles. Los ciudadanos habitaban en un plano ideal donde todos los estímulos y placeres se encontraban en sus mentes, mientras que en el mundo físico apenas se podía observar a algunos adultos teniendo un intercambio verbal que no involucrase algún tipo de negociación. Los niños vivían un mundo similar, pero por su condición aún no lo suficientemente desarrollada, su conexión al sistema dependía de terminales externas a las que tenían acceso desde sus casas. Por esto, la apariencia del exterior era algo que carecía de importancia, salir de casa se había convertido en una actividad casi inecesaria, el camino para llegar a los centros de trabajo o de salud era extremádamente rápido y sencillo, uno sólo tenía que seguir las direcciones que escuchaba en la cabeza mientras caminaba por aquellos grandes túneles. El sistema se decía perfecto, toda interacción social se reducía al intercambio de información de hombres máquina que eran capaces de producir y reproducir lo que fuera, al máximo. Existían varios centros de trabajo por distrito, y cada distrito estaba compuesto por al rededor de quinientos humanos, dependiendo del objetivo del sector. Las personas habitaban en cámaras iguales ubicadas sobre los túneles residenciales, en ocasiones vivía alguno o los dos padres con su descendencia, sin embargo las relaciones entre ellos eran meramente utilitarias y por fines de sobrevivencia.
La reproducción estaba regulada por el sistema, y las personas sabían cuándo y con quién llevarla a cabo. Toda actividad, física y mental, estaba diseñada por el núcleo de la red, este núcleo no estaba representado por una persona en sí, sino por el grupo de personas que mantenían y actualizaban al sistema. A pesar de semejante control, aleatoriamente se observaban casos aislados de individuos que no asimilaban Aleph. Práxedis no sabía que era uno de ellos hasta que ingreso a la red, pero siempre supo que algo andaba mal en el mundo. Su recuerdo más confuso era aquel en el que su padre lo tomó con los brazos antes de desaparecer, la emoción que sintió entonces fue indescriptible, y supo que lo que parecía sentir su padre era incluso algo más grande e incomprensible. Las emociones que él sintió de pequeño no podían, ni todas juntas, superar la intensidad de aquel momento. Los niños reían y sentían satisfacción al ser eficientes en la red, Práxedis no había conocido otra sensación que fuera mejor que ser congratulado por el sistema, ni ninguna que fuera peor que recibir una advertencia de rechazo. Pero aquella noche, en la que fue trasladado al centro de reingreso infantil, la última noche que su Padre lo sujeto extrañamente con sus brazos, supo que había emociones que jamás encontraría en el sistema.
Al crecer en el centro, los recuerdos sobre su padre fueron suprimidos uno por uno, a excepción de aquel que había quedado plasmado en un rincón externamente inaccesible de su cerebro. Se le explicó que su progenitor había sido trasladado a otro distrito y que sus verdaderos padres eran los tutores del centro. Y él lo creyó así hasta que ingresó a Aleph, hasta que se le dijo que debía temer al virus. Arnum era una anomalía del sistema que desquiciaba indiscriminadamente a cualquier ciudadano. Nadie sabía como funcionaba el código, o si era un código en primer lugar, pero provocaba que cualquier persona dentro de la red actuara en contra de ésta y de sí misma. Las autoridades debían localizar y anular a los miembros corrompidos, en ocasiones, si éstos no eran detenidos a tiempo, la enfermedad se desarrollaba a tal grado que encontraban la forma de salir del sistema y atentar en contra de éste. Práxedis sabía que Arnum no era ningún trastorno porque él mismo lo sentía, era una sensación de inconformidad infinita, una ansiedad total que le hacía no querer estar ahí, era preguntarse el por qué y el cómo, era la libertad.
La habilidad de Práxedis como psiconauta le había permitido sobrevivir dentro de Aleph sin que sus pensamientos transgresores hubieran sido detectados, eso aunado a su necesidad de conocimiento que le había llevado a robar toda información que encontrara y considerara útil. Sus conocimientos sobre neuroquímica e informática habían sido importados de la misma base de datos del Instituto de Tecnología. En los dos planos de la existencia humana, Práxedis era un nómada, nadie podía localizarlo en la red, y en el mundo físico no vivía en el mismo sitio por más de tres días. Constantemente hacía aumentos y modificaciones a su sistema intelectivo y siempre estaba adelante de las actualizaciones oficiales, esta era la sexta vez que migraba de mindware. Su obsesión en la vida era reunir a los Libres en el mundo físico y en Aleph y encontrar la manera para llegar a aquel mundo descrito en tantos documentos clacificados, aquel mundo que decían era el modelo mismo en el cual Aleph estaba inspirado, aquello llamado Tierra.
Noir scene 1
Cada gota que rodaba por el parabrisas era como alguna de las lágrimas que resbalaban por las mejillas de Aurora, quien aún no decidía si encender el vehículo o salir corriendo de éste. La lluvia entonaba aquel ruido estático en el toldo del automóvil, parado a la orilla de la carretera, mientras la voz en el radio apenas se hacía escuchar entre los sollozos de la mujer y los relámpagos de una noche fría. Aurora limpió ruidosamente su nariz con un pañuelo y sin darse cuenta embarró en su cara el rímel de sus ojos con el dorso de la mano. El destello intermitente de la sirena de una patrulla hizo que sus nervios se tensaran rápidamente, buscó rápida y torpemente el viejo revólver de Romeo, sus manos tantearon desesperadamente debajo de su asiento hasta que sus dedos sintieron el metal helado del cañón del arma. La patrulla pasó sin sospechar siquiera lo que la temerosa mujer ocultaba, al ver que no corría peligro, levantó la pistola para verla más de cerca. Las manchas rojas parecían alguna especie de óxido cobrizo, en ocasiones casi negro, que opacaban el cromo del revólver. Aurora no había notado hasta ese momento que el arma de su antiguo jefe estaba manchada con su propia sangre. Inesperadamente la mujer sintió melancolía al recordar el día en que Romeo le apuntó entre los ojos y le dijo que jamás la dejaría ir. Recordó la primera lección que su mentor tuvo que enseñarle cuando apenas era una niña, una vez dentro del negocio nadie la querría fuera, y era por esa misma razón que ahora no podía dejar de huir. El cuerpo del occiso yacía derrumbado en el asiento trasero, con un agujero en la frente y una maleta aun afianzada a sus rígidos dedos. En un instante Aurora pareció recordar la gravedad de la situación y se apresuró a encontrar la manera de arrancar el tesoro aferrado, causa del destino de aquel cadáver. Logró con la fuerza de sus dos manos zafar uno por uno los dedos de Romeo hasta que la maleta cayó pesadamente en el suelo manchado de sangre. Todavía temblorosa, aunque sintiéndose más tranquila, la mujer levantó el paquete y lo puso en el asiento de al lado, agradeció que la sombra de las gotas de agua adheridas a los vidrios, y la luz tenue del exterior no alumbraran lo suficiente el mórbido interior del coche. Su mirada ya no lo distinguía, pero sabía que hacía donde estuviera viendo tenía que haber rastros de lo que había hecho. Sin embargo, toda esa locura había valido la pena, en esa maleta se encontraba su oportunidad de escapar y empezar una nueva vida, y lo más importante, la oportunidad de darle a él un nuevo comienzo. Aurora guardó el arma en la maleta, toco su vientre con la palma de la mano como tratando de consolar a su bebé tras haber experimentado aquel momento tan perturbador. Recordó de nuevo el momento cuando su dedo índice apretó de manera nerviosa el gatillo, y deseó que su “sorpresa”, como solía llamarlo no hubiera escuchado el estrepitoso disparo. Entonces reaccionó de nuevo, y con la misma seguridad que segundos antes le había disparado a aquel hombre, ahora daba vuelta a la llave del auto para encender el motor. Sus vidas estaban por comenzar…
