Práxedis salió aún adolorido de la clínica clandestina, llevaba una pequeña cicatriz roja en la nuca, caminaba presuroso y asustado, se sentía desconectado y desprotegido. Atravesó los fríos y metálicos túneles de Agadé, ansioso por regresar a su refugio. Se llevó la mano a la nuca y sintió con su dedo índice el pequeño paquete de nanobots que se encontraba todavía aglomerado entre su piel y la espina dorsal. Al llegar ante la compuerta de su casa, una pequeña cámara en un sector abandonado de la ciudad subterránea, Práxedis activó rápidamente el mecanismo de la puerta y entró mientras miraba hacía ambos lados del túnel vacío esperando no ser visto. Práxedis se sentó en el colchón en que dormía y tocó una vez más el pequeño bulto que ahora era apenas perceptible, calculó que el proceso de instalación habría terminado en aproximadamente una hora, por lo que preparó la jeringa osmótica con una solución luminosa de un intenso color amarillo.
El dolor de la desinstalación del mindware previo estaba pasando, así como la insoportable depresión que le precedió al dejar de recibir los neurotransmisores de la versión anterior. La alteración del mindware oficial no era sólo un malestar que ningún ciudadano estaba dispuesto a sufrir, sino que además era un delito que se castigaba con la supresión del sistema. El pirata sintió la sensación orgásmica de una ligera dosis de opiáceos que anunciaban el momento para inyectar aquella substancia brillante en su torrente sanguíneo. Gracias a que la anestesia había sido liberada, el hombre no tendría porque sentir la insoportable corrosión del líquido al atravesar la piel de su brazo y mezclarse con su sangre. Sin embargo, ni la droga pareció suficiente y por una hora el ardor que sentía adentro de todo su cuerpo fue tan fuerte que cayó inconsciente sobre su cama.
Práxedis despertó algo aturdido y lo primero que notó fue que había vuelto a ingresar a la psicored pero con una identidad fantasma, sintió pavor de ser descubierto y enmascaró todas sus terminales con los códigos de una identidad falsa. Irónicamente, las primeras noticias que recibió en su cerebro hablaban acerca de la detección de más de 500 afectados por el virus Arnum que habían crackeado la penúltima versión de Aleph, la red oficial, y habían sido desconectados de manera permanente. Práxedis dudaba de las cifras oficiales, pero estaba seguro de que ser descubierto implicaría mucho más que la desconexión al sistema, la disidencia era su única opción. Desde pequeño, su rebeldía había sido tal que se negó incluso en la adolesencia a modificar cualquiera de sus órganos, evitó lo más posible cualquier instalación o modificación neurosíquica, y la única instalación que había recibido era la misma que todos los ciudadanos recibían al terminar la pubertad.
La vida después de ingresar a Aleph parecía maravillosa, pero eso se debía a que las infancias solían ser terribles. Los ciudadanos habitaban en un plano ideal donde todos los estímulos y placeres se encontraban en sus mentes, mientras que en el mundo físico apenas se podía observar a algunos adultos teniendo un intercambio verbal que no involucrase algún tipo de negociación. Los niños vivían un mundo similar, pero por su condición aún no lo suficientemente desarrollada, su conexión al sistema dependía de terminales externas a las que tenían acceso desde sus casas. Por esto, la apariencia del exterior era algo que carecía de importancia, salir de casa se había convertido en una actividad casi inecesaria, el camino para llegar a los centros de trabajo o de salud era extremádamente rápido y sencillo, uno sólo tenía que seguir las direcciones que escuchaba en la cabeza mientras caminaba por aquellos grandes túneles. El sistema se decía perfecto, toda interacción social se reducía al intercambio de información de hombres máquina que eran capaces de producir y reproducir lo que fuera, al máximo. Existían varios centros de trabajo por distrito, y cada distrito estaba compuesto por al rededor de quinientos humanos, dependiendo del objetivo del sector. Las personas habitaban en cámaras iguales ubicadas sobre los túneles residenciales, en ocasiones vivía alguno o los dos padres con su descendencia, sin embargo las relaciones entre ellos eran meramente utilitarias y por fines de sobrevivencia.
La reproducción estaba regulada por el sistema, y las personas sabían cuándo y con quién llevarla a cabo. Toda actividad, física y mental, estaba diseñada por el núcleo de la red, este núcleo no estaba representado por una persona en sí, sino por el grupo de personas que mantenían y actualizaban al sistema. A pesar de semejante control, aleatoriamente se observaban casos aislados de individuos que no asimilaban Aleph. Práxedis no sabía que era uno de ellos hasta que ingreso a la red, pero siempre supo que algo andaba mal en el mundo. Su recuerdo más confuso era aquel en el que su padre lo tomó con los brazos antes de desaparecer, la emoción que sintió entonces fue indescriptible, y supo que lo que parecía sentir su padre era incluso algo más grande e incomprensible. Las emociones que él sintió de pequeño no podían, ni todas juntas, superar la intensidad de aquel momento. Los niños reían y sentían satisfacción al ser eficientes en la red, Práxedis no había conocido otra sensación que fuera mejor que ser congratulado por el sistema, ni ninguna que fuera peor que recibir una advertencia de rechazo. Pero aquella noche, en la que fue trasladado al centro de reingreso infantil, la última noche que su Padre lo sujeto extrañamente con sus brazos, supo que había emociones que jamás encontraría en el sistema.
Al crecer en el centro, los recuerdos sobre su padre fueron suprimidos uno por uno, a excepción de aquel que había quedado plasmado en un rincón externamente inaccesible de su cerebro. Se le explicó que su progenitor había sido trasladado a otro distrito y que sus verdaderos padres eran los tutores del centro. Y él lo creyó así hasta que ingresó a Aleph, hasta que se le dijo que debía temer al virus. Arnum era una anomalía del sistema que desquiciaba indiscriminadamente a cualquier ciudadano. Nadie sabía como funcionaba el código, o si era un código en primer lugar, pero provocaba que cualquier persona dentro de la red actuara en contra de ésta y de sí misma. Las autoridades debían localizar y anular a los miembros corrompidos, en ocasiones, si éstos no eran detenidos a tiempo, la enfermedad se desarrollaba a tal grado que encontraban la forma de salir del sistema y atentar en contra de éste. Práxedis sabía que Arnum no era ningún trastorno porque él mismo lo sentía, era una sensación de inconformidad infinita, una ansiedad total que le hacía no querer estar ahí, era preguntarse el por qué y el cómo, era la libertad.
La habilidad de Práxedis como psiconauta le había permitido sobrevivir dentro de Aleph sin que sus pensamientos transgresores hubieran sido detectados, eso aunado a su necesidad de conocimiento que le había llevado a robar toda información que encontrara y considerara útil. Sus conocimientos sobre neuroquímica e informática habían sido importados de la misma base de datos del Instituto de Tecnología. En los dos planos de la existencia humana, Práxedis era un nómada, nadie podía localizarlo en la red, y en el mundo físico no vivía en el mismo sitio por más de tres días. Constantemente hacía aumentos y modificaciones a su sistema intelectivo y siempre estaba adelante de las actualizaciones oficiales, esta era la sexta vez que migraba de mindware. Su obsesión en la vida era reunir a los Libres en el mundo físico y en Aleph y encontrar la manera para llegar a aquel mundo descrito en tantos documentos clacificados, aquel mundo que decían era el modelo mismo en el cual Aleph estaba inspirado, aquello llamado Tierra.
El dolor de la desinstalación del mindware previo estaba pasando, así como la insoportable depresión que le precedió al dejar de recibir los neurotransmisores de la versión anterior. La alteración del mindware oficial no era sólo un malestar que ningún ciudadano estaba dispuesto a sufrir, sino que además era un delito que se castigaba con la supresión del sistema. El pirata sintió la sensación orgásmica de una ligera dosis de opiáceos que anunciaban el momento para inyectar aquella substancia brillante en su torrente sanguíneo. Gracias a que la anestesia había sido liberada, el hombre no tendría porque sentir la insoportable corrosión del líquido al atravesar la piel de su brazo y mezclarse con su sangre. Sin embargo, ni la droga pareció suficiente y por una hora el ardor que sentía adentro de todo su cuerpo fue tan fuerte que cayó inconsciente sobre su cama.
Práxedis despertó algo aturdido y lo primero que notó fue que había vuelto a ingresar a la psicored pero con una identidad fantasma, sintió pavor de ser descubierto y enmascaró todas sus terminales con los códigos de una identidad falsa. Irónicamente, las primeras noticias que recibió en su cerebro hablaban acerca de la detección de más de 500 afectados por el virus Arnum que habían crackeado la penúltima versión de Aleph, la red oficial, y habían sido desconectados de manera permanente. Práxedis dudaba de las cifras oficiales, pero estaba seguro de que ser descubierto implicaría mucho más que la desconexión al sistema, la disidencia era su única opción. Desde pequeño, su rebeldía había sido tal que se negó incluso en la adolesencia a modificar cualquiera de sus órganos, evitó lo más posible cualquier instalación o modificación neurosíquica, y la única instalación que había recibido era la misma que todos los ciudadanos recibían al terminar la pubertad.
La vida después de ingresar a Aleph parecía maravillosa, pero eso se debía a que las infancias solían ser terribles. Los ciudadanos habitaban en un plano ideal donde todos los estímulos y placeres se encontraban en sus mentes, mientras que en el mundo físico apenas se podía observar a algunos adultos teniendo un intercambio verbal que no involucrase algún tipo de negociación. Los niños vivían un mundo similar, pero por su condición aún no lo suficientemente desarrollada, su conexión al sistema dependía de terminales externas a las que tenían acceso desde sus casas. Por esto, la apariencia del exterior era algo que carecía de importancia, salir de casa se había convertido en una actividad casi inecesaria, el camino para llegar a los centros de trabajo o de salud era extremádamente rápido y sencillo, uno sólo tenía que seguir las direcciones que escuchaba en la cabeza mientras caminaba por aquellos grandes túneles. El sistema se decía perfecto, toda interacción social se reducía al intercambio de información de hombres máquina que eran capaces de producir y reproducir lo que fuera, al máximo. Existían varios centros de trabajo por distrito, y cada distrito estaba compuesto por al rededor de quinientos humanos, dependiendo del objetivo del sector. Las personas habitaban en cámaras iguales ubicadas sobre los túneles residenciales, en ocasiones vivía alguno o los dos padres con su descendencia, sin embargo las relaciones entre ellos eran meramente utilitarias y por fines de sobrevivencia.
La reproducción estaba regulada por el sistema, y las personas sabían cuándo y con quién llevarla a cabo. Toda actividad, física y mental, estaba diseñada por el núcleo de la red, este núcleo no estaba representado por una persona en sí, sino por el grupo de personas que mantenían y actualizaban al sistema. A pesar de semejante control, aleatoriamente se observaban casos aislados de individuos que no asimilaban Aleph. Práxedis no sabía que era uno de ellos hasta que ingreso a la red, pero siempre supo que algo andaba mal en el mundo. Su recuerdo más confuso era aquel en el que su padre lo tomó con los brazos antes de desaparecer, la emoción que sintió entonces fue indescriptible, y supo que lo que parecía sentir su padre era incluso algo más grande e incomprensible. Las emociones que él sintió de pequeño no podían, ni todas juntas, superar la intensidad de aquel momento. Los niños reían y sentían satisfacción al ser eficientes en la red, Práxedis no había conocido otra sensación que fuera mejor que ser congratulado por el sistema, ni ninguna que fuera peor que recibir una advertencia de rechazo. Pero aquella noche, en la que fue trasladado al centro de reingreso infantil, la última noche que su Padre lo sujeto extrañamente con sus brazos, supo que había emociones que jamás encontraría en el sistema.
Al crecer en el centro, los recuerdos sobre su padre fueron suprimidos uno por uno, a excepción de aquel que había quedado plasmado en un rincón externamente inaccesible de su cerebro. Se le explicó que su progenitor había sido trasladado a otro distrito y que sus verdaderos padres eran los tutores del centro. Y él lo creyó así hasta que ingresó a Aleph, hasta que se le dijo que debía temer al virus. Arnum era una anomalía del sistema que desquiciaba indiscriminadamente a cualquier ciudadano. Nadie sabía como funcionaba el código, o si era un código en primer lugar, pero provocaba que cualquier persona dentro de la red actuara en contra de ésta y de sí misma. Las autoridades debían localizar y anular a los miembros corrompidos, en ocasiones, si éstos no eran detenidos a tiempo, la enfermedad se desarrollaba a tal grado que encontraban la forma de salir del sistema y atentar en contra de éste. Práxedis sabía que Arnum no era ningún trastorno porque él mismo lo sentía, era una sensación de inconformidad infinita, una ansiedad total que le hacía no querer estar ahí, era preguntarse el por qué y el cómo, era la libertad.
La habilidad de Práxedis como psiconauta le había permitido sobrevivir dentro de Aleph sin que sus pensamientos transgresores hubieran sido detectados, eso aunado a su necesidad de conocimiento que le había llevado a robar toda información que encontrara y considerara útil. Sus conocimientos sobre neuroquímica e informática habían sido importados de la misma base de datos del Instituto de Tecnología. En los dos planos de la existencia humana, Práxedis era un nómada, nadie podía localizarlo en la red, y en el mundo físico no vivía en el mismo sitio por más de tres días. Constantemente hacía aumentos y modificaciones a su sistema intelectivo y siempre estaba adelante de las actualizaciones oficiales, esta era la sexta vez que migraba de mindware. Su obsesión en la vida era reunir a los Libres en el mundo físico y en Aleph y encontrar la manera para llegar a aquel mundo descrito en tantos documentos clacificados, aquel mundo que decían era el modelo mismo en el cual Aleph estaba inspirado, aquello llamado Tierra.
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