jueves, 3 de noviembre de 2011

Egolítica



En nuestro presente resulta evidente que el transcurso histórico de la industrialización de las naciones ha cambiado la dinámica de las sociedades en un grado apenas vislumbrado en siglos pasados. La historia del hombre, no sólo la reciente, colmada de acontecimientos violentos y arbitrarios, ha hecho suponer en los momentos más obscuros que el futuro será trágicamente devastador e igualmente negro. Al final las cosas no resultan tan drásticas como la irracionalidad, o suma racionalidad, en ciertas épocas las proyectaran.

Actualmente, no vivimos en lo aparente el mundo híper racional previsto por Weber o la tiranía irracional de las masas que temió Tocqueville. Mas en esencia, elementos de todas estas contrapartes distópicas forman parte de nuestro presente. Nuestra actualidad no sólo es el devenir de lo útil y fructífero del pasado, sino que en ella también redundan los vicios y errores inherentemente humanos que se han manifestado en las culturas de oriente a occidente milenariamente.

Hoy en día, la realidad social en esencia permanece igual que la que se remonta a inicios de la historia. Es la misma naturaleza humana que haciendo uso de la experiencia acumulada y las habilidades innatas, ha podido mantener al ser humano como especie aparentemente dominante en la tierra. La interacción social conserva su característica política típica. La característica del hombre que busca satisfacer sus necesidades con base en su razón, y que en conjunción con más hombres busca que su voluntad prevalezca en la medida de lo posible, esta voluntad individual no es otra cosa que la necesidad de supervivencia del ego, y su forma está determinada por el contexto. La existencia inherentemente humana del ego ha creado estructuras racionales sólidas y formado y transformado instituciones de complejidad creciente que son el sustento de la sociedad global contemporánea.

Si bien la naturaleza esencial del hombre se conserva tal cual, es la tecnología y las técnicas organizativas humanas, lo que evoluciona afinando las relaciones entre los individuos y creando jerarquías de poder eficientísimas en manos de los más aptos (para obtenerlas y mantenerse con ellas). Hemos atravesado un trayecto  de prueba y error con un sistema resultante que se depura siglo con siglo. Dicho trayecto ha sido interpretado como un desarrollo hacia mejores estados de existencia por algunos, o como una espiral descendente por otros. El sentido del discurso depende de la perspectiva, de si se ponderan los factores positivos sobre los negativos o viceversa, y principalmente, si se asume que la organización humana sigue una dirección determinada al mando de los sujetos que la dirigen en tiempos y espacios respectivos.

En la realidad objetiva la organización se presenta no de manera positiva ni dialéctica. No todo es el desarrollo lineal de acontecimientos uniformemente causales ni la síntesis de contradicciones de magnitudes graduales en la esencia de las cosas. En la naturaleza existe ciertamente un efecto para toda causa, pero existe una totalidad de causas y efectos que son inasequibles a la comprensión humana. En este cosmos de incertidumbre, cada sujeto habita un universo con dirección propia, con una interpretación propia de la realidad, estas interpretaciones se comparten generando consciencias relativas y verdades absolutas para cada grupo o individuo. Cuando estas verdades chocan pueden combinarse o avasallarse perdurando sólo las más aptas. Lo que queda es la materialización de las ideas más influyentes, satisfaciendo la necesidad egoísta de trascender a la muerte del cuerpo.

La política es el espacio más adecuado donde se satisfacen las necesidades del ego, la arena donde se resuelven las diferencias de las voluntades individuales, donde no hay cabida para el espíritu libre sino para las mentes más fuertes. Algunos pensadores entienden la política como un espacio para el acuerdo y el consenso, otros para la imposición y el disenso. Polos opuestos de la misma cosa. Una vez más, depende de la percepción del sujeto el significado de la política. Pero ,¿qué es la política hoy en día?, ¿son los vicios de nuestra naturaleza la causa de la necesidad de ser dominados o gobernados?, ¿es la existencia de un régimen político lo que garantiza nuestra felicidad como miembros de la sociedad humana?.

En todas las civilizaciones de la historia han existido gobernados y gobernantes, no siempre bajo la misma denominación, pero siempre con las mismas funciones en diferentes estructuras. Se dice que hoy en día la sociedad es mayormente apolítica, que el desinterés hacia lo público es creciente. Y es que parece ser que ahora hay más individuos sin interés en lo público, pero esto no quiere decir que hayan menos sujetos interesados en ello. Es natural en toda organización biológica que la distancia entre órganos crezca mientras mayor sea la diferencia entre éstos. Lo que quiere decir que en sociedades tan complejas como las contemporáneas, es natural que la especificidad de funciones provoque alejamientos entre los ámbitos sociales. Es más probable que a un físico o cosmólogo actual (p. ej. Stephen Hawking) le interese menos la cuestión política que a un físico o cosmólogo del siglo XVII (p. ej. René Descartes), debido a que los campos del conocimiento se han especificado tanto que incluso lo público parece haber pasado de la totalidad social a un ámbito reducido de ésta. En el ejemplo anterior se sugiere que la complejidad de la organización es un factor determinante de la relación que mantienen sus elementos, principalmente debido al creciente número de elementos y el acotamiento de relaciones necesario para resolver dicha complejidad social.

Para comprender la supuesta crisis moral (no particular de nuestra época), o la forma en la que se ha segregado a las masas de las decisiones políticas, haría falta un análisis exhaustivo de la sociedad contemporánea incluyendo cada variable interviniente. Los factores que otrora resultaban desconocidos simplemente eran incognoscibles, y por supuesto que actualmente la episteme está limitada por sus horizontes cognitivos como lo será y ha sido siempre. Sin embargo, mientras de más variables nos volvemos conscientes, mayor se vuelve la complejidad de las sociedades (p. ej. innovaciones tecnológicas que aumentan la complejidad del mercado, o conflictos sociales provocados por la incompatibilidad entre culturas diferentes). Una vez más, la perspectiva condicionará la percepción sobre el desarrollo positivo o negativo de la sociedad. Si percibimos las novedades positivas en lugar de las negativas podemos darnos cuenta que así como existe hoy una apatía fomentada por los medios masivos de comunicación hacia lo público, igualmente existen redes que resisten a esta inercia social y dan nuevos ímpetus para mejorar las  organizaciones sociales (p. ej. la creación de regímenes democráticos con legislaciones sólidas sobre la justicia y la libertad individual).

No es novedad que haya quienes no se interesen por la política o que vean en ella únicamente el velo de prejuicios que la oculta, personas cuyo ego se aboque a satisfacciones más individuales y menos sociales. Sin embargo sí es nuevo que sea tanta la gente que no se interesa, simplemente porque también es nuevo que sea tanta la gente que habita el mundo. Una explicación causal para el desbordamiento demográfico mundial podría ser el fenómeno incremental de producción que se presenta con las revoluciones tecnológicas e industriales. Dicho de otro modo, la explosión demográfica ha sido influida por el interés de aquellos que en la organización humana se benefician de la producción acelerada. Por lo tanto, la satisfacción egoísta de los más aptos ha repercutido en la generación de una gran pluralidad de individuos que buscan a su vez otro tipo de satisfactores.

Antaño, las crisis sociales no se definían por la pasividad de los gobernados sino por la actividad revolucionaria de estos,  condicionada por circunstancias llamadas críticas porque justamente se daban en detrimento del orden establecido. Hoy, la crisis social se refiere a la inactividad de la sociedad civil ante el ejercicio político, que en el peor de los casos mutila la capacidad creativa y reflexiva del hombre y lo convierte en un ser autómata al servicio del sistema, cosa que ha pasado constantemente en el pasado. Es el paradigma social moderno el que nos hace pensar que la crisis está en la anomia y la falta de valores que nos motiva al cambio o desarrollo. Es la contradicción con la tendencia hegemónica democrática que requiere de ciudadanos activos lo que provoca en muchos casos las deficiencias de la política.

Es aquí donde los posmodernos perciben una decepción latente en la vida social y una incapacidad de satisfacer al espíritu en un sistema de satisfactores simulados. ¿Pero no ha vivido el hombre simulacros desde épocas remotas?, lo que hoy satisface la imagen de la mercancía fetichizada en algún momento lo satisfizo la imagen del dogma religioso (tal vez lo importante sería saber que ha hecho más feliz al hombre como sujeto histórico). En el ámbito político sucede algo similar, las satisfacciones políticas siguen siendo el cumplimiento de las demandas del ego, manifestadas actualmente en las necesidades de las masas y las agendas gubernamentales. Incluso en las democracias modernas resulta imposible satisfacer a la totalidad de la población debido a su heterogeneidad y lo más que se puede hacer es reducir el descontento producido por la suma de diferencias.

Entonces, ¿cuál es el sentido actual de la política?. Si en la Grecia antigua la respuesta hubiera sido el desarrollo de la polis, sería incorrecto suponer que el sentido que la política tiene hoy sea el desarrollo de las ciudades. También parecería errado pensar que es la defensa de lo público aunque las democracias modernas enarbolen la representatividad y la participación política como el máximo estandarte democrático. Lo que el ego del hombre liberal moderno quiere es la libertad. Es por eso que nuestros sistemas jurídicos están diseñados para proteger la propiedad privada y garantizar la seguridad de los individuos, el interés por lo público se ha transformado en el interés por lo privado, y así la esfera pública se ha reducido a espacios virtuales con plataforma en la tecnología contemporánea, o a los servicios que las ciudades brindan a los ciudadanos.

Si existe un sentido atemporal amplísimo (y simplísimo) de la política diría que va en dirección a la satisfacción del ego, la obtención de lo que el individuo cree que es lo socialmente conveniente y lo personalmente correcto, siempre con la intención implícita de sobrevivir a la muerte del cuerpo y que el nombre sea recordado en la historia. Por lo tanto, el sentido actual de la política en el marco ideológico liberal y el sistema político democrático es garantizar la libertad y la seguridad de lo privado. Entonces, ¿podemos entender este giro cultural hacia la atomización individualista como una crisis moral?. Sí, en tanto que nuestro marco de referencia sea la cultura de lo colectivo, sin embargo si consideramos que toda satisfacción es sentida individualmente, podríamos decir que la política es el espacio de resolución de los intereses diversos, y que la política contemporánea es el espacio para la defensa de los intereses particulares (o satisfactores privados) ante el otro. Si eso es bueno o malo, es cuestión de perspectiva.

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